miércoles, 17 de enero de 2018

PEDRO RISSO (Charla 4)

AM 1520 Radio Chascomús – Audición “CAMPO AFUERA”
Micro Nº 27 – 17/01/2018

Antes de salir “campo afuera” pa’ poder tender la vista mirando lejos, dende’l banco chueco en el que estoy sentao, vamos a ver si le arrimamos unas “astillas” al “Fogón de los Poetas”.

Hablábamos en el encuentro pasado de desfiles y sortijas, por eso viene a cuento recordar las pilchas con que ensillaba Pedro, que no eran moco’e pavo pa’ poder entreverarse a la gente de Avellaneda con la que se reunía compartiendo tradiciones.
Tras su muerte las mismas fueron compradas por el Sr. Debiaggi, dueño de la “Empresa de Transportes DADA S.A.” -casualmente de Avellaneda-, para su hijo Gustavo; esto lo podemos contar pues don Julio Secundino Cabezas, en su libro “Recostao en la Tranquera” de 1980, publica dos fotos, que aunque no muy nítidas, permiten ver un pingo ensillado con esas prendas, y a su entonces jovencísimo dueño Gustavo (estamos hablando de 37 años atrás).
Cabezas, que no lo conoció a Risso, al conocer sus gauchas pilchas le escribió un verso que tituló “Tu Apero Está En Buenas Manos”, el que remata diciendo: “Vi su emprendao el domingo / -me lo imaginé al paisano- / y entre un golpetear de manos / pude escuchar este grito: / Qué en paz descanses Pedrito, / ¡tu apero está en buenas manos!”.
Por la segunda mitad 1966, cediendo a presiones de familiares y amigos, y quizás… como dice su prologuista Etulain: “cuando seguramente advirtió que la hora del trance final se le aproximaba”, comenzó a seleccionar a su criterio los mejores versos con la intención de darle forma a un libro, y a principio de febrero de 1967 se los hizo llegar a al citado Osmildo Etulain, pero la muerte lo sorprendió el 11/02/1967, con jóvenes 51 años.
Ante esta situación, familiares y amigos reunieron sus versos dispersos, y compiladas 116 composiciones, ordenadas y revisadas por Etulain, se dieron a la tarea de ver como concretar la publicación. Fue así que arreglada la impresión en los Talleres Gráficos Cadel SCA, ubicados en Sarandí, los amigos organizaron una suscripción popular, cuyo aporte era el valor de un ejemplar, financiándose así una edición de solo 500 ejemplares que vio la luz en el mes de octubre de ese año ’67, con registro de su esposa, Alicia A. T. de Risso, bajo el título que el propio autor eligiera: “De Mi Marca”, que se distribuyó exclusivamente entre aquellos que habían aportado el valor de uno, dos o tres ejemplares. Motivo éste que explica por qué, nunca estuvo a la venta, y también por qué, es tan difícil en la actualidad encontrar un ejemplar.
El mismo lleva en tapa el motivo de una marca que auna las dos letras de su nombre, la “P” y la “R”, y en pag. 6 una obra de Marenco que alude a su tema “¡Qué Ocurrencia!”.
Cerramos con una reflexión de su amigo Etulain: “El libro en sí constituye un canto permanente al hombre de campo argentino de la llanura pampeana, de quien exalta sus virtudes, relata sus costumbres y describe además de su idiosincrasia, con lujo de detalle (…) la indumentaria y las prendas todas de sus aperos y herramientas, de los que tuvo que valerse en el medio en que le tocó actuar, para trabajar, luchar y divertirse”.

Ilustramos con “Los Diez Hermanos Rosales”. (dichas décimas se pueden leer en el blog "Antología del Verso Campero")

domingo, 14 de enero de 2018

FOGÓN

LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 55 – 14/01/2018
Con su licencia, paisano! Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si compartimos “Decires de la campaña”.

Indudablemente es una de las palabras más usada en el ambiente rural, y no por antigua ha caído en desuso, y a más es considerada como genuinamente criolla, ¿quién lo duda? Pero bueno… nos equivocamos: cierto que es muy antigua, tanto!, que deriva de la voz latina “focus”, que representa al “fuego”. Y éste, el fuego, ha sido esencial para el desarrollo de la especie humana. Allá en el origen de la historia de los tiempos en que ya el hombre estaba presente, lo conoció, se asombró y también se asustó, a través de fenómenos naturales: erupciones volcánicas, rayos, incendios.
El hombre lo comenzó a aprovechar aún antes de saber encenderlo, tomándolo de algún fenómeno natural, y procuró conservarlo, alimentándolo, para que no se le extinga. Luego aprenderá a golpear dos piedras para provocar una chispa, y también a frotar dos madera secas, y obtenido el fuego quizás su primer uso fue el de iluminar, y recién luego el de cocinar.
Cuando el conquistador llegó a estos lares, también sabían usarlo los naturales. Lo que aquel aportó -el español- fue esta denominación de “fogón” que hoy nos convoca. Fundamentalmente designa al fuego de leña que se hace en el suelo y a la intemperie, y esto así dicho, lo reconoce la Real Academia Española como cuarta acepción de la palabra, definiéndola como “americanismo”.
En las largas marchas de las tropas de carretas atravesando la geografía patria de norte a sur y este a oeste, se armaba un “fogón” cada vez que se hacía un alto en el camino; en él se calentaba el agua para el mate, se cocían los alimentos, y servía como sitio de reunión.
Lo mismo ocurría cuando en la pampa sin alambrar, en ‘campos de pa´juera’ se comenzaba poblar una nueva estancia: se llegaba con la tropa de hacienda al sitio elegido para formar querencia, se plantaba un palo o un poste de fierro para que sirva de rascadero, y en su defecto, si se podía, se ubicaba una gran piedra de sal para ser lamida por los animales, mientras que distante de allí, otros paisanos, en el sitió más protegido que encontraban, armaban un gran “fogón” que sería permanente, y en sus alrededores se establecían los hombres que estaban en esa campaña. Ese sería “el real”, el asentamiento principal, hasta que llegase alguna tropa de carretas con los elementos necesarios para alzar los ranchos.
Establecida la estancia y edificada las poblaciones, un rancho sería ‘la matera’ o ‘la cocina’, y ahora “el fogón”, ocupante de la parte central de esa construcción, ya no estará bajo el cielo, sino: bajo techo, y así será la sede habitual para la reunión de compañeros de trabajo y de amigos junto al fuego, rueda de paisanos que sin altivez capatacea el mate, y en la que taya el silencio cuando está listo el charrusco.
En aquellas yerras de antaño, que duraban una semana, lo primero que se armaba era el “fogón” en el que se calentarían “los fierros”, el que sería responsabilidad de un hombre que se llamaba “fogonero”
Y aún hoy, ese fuego que encendemos en el lugar en que se está trabajando, para asar una tira de asado, o el mismo que se arma cuando vamos a una fiesta criolla, o porque andamos en una marcha a caballo, ese, sigue siendo el mismo “fogón” de antaño.
Valga la opinión de alguien que lo conoció mejor que uno, Lucio Mansilla, que en su “Excursión a los Ranqueles” dijo: “El fogón argentino no es como el fogón de otras naciones: es un fogón especial. Es la tribuna democrática de nuestro ejército. Es la delicia del pobre soldado después de la fatiga. Alrededor de sus resplandores desaparecen las jerarquías militares. Jefes superiores y oficiales subalternos, conversan fraternalmente y ríen a sus anchas”.
Y ese Artemio Arán que tantas veces hemos citado, lo definió: “Es abierto libro de leyenda, que en llamaradas rojizas puntualizó referencias que ofrenda la tradición”.

Ilustramos con la inspiración de Don Pedro C. De María, justamente titulada “El Fogón” (los versos se pueden leer en el blog "Antología del Verso Campero")

miércoles, 10 de enero de 2018

PEDRO RISSO (Charla 3)

AM 1520 Radio Chascomús – Audición “CAMPO AFUERA”
Micro Nº 26 – 10/01/2018

Antes de salir “campo afuera” pa’ poder tender la vista mirando lejos, dende’l banco chueco en el que estoy sentao, vamos a ver si le arrimamos unas “astillas” al “Fogón de los Poetas”.
Dijimos en la primera charla que en 1937 Pedro Risso, de jóvenes 21 años, se acercó oficialmente al Círculo Tradicional “Leales y Pampeanos”, asociándose a la institución, la que a modo de patriarcal caudillo gaucho era presidida por Don Agustín Castelli; por entonces las manifestaciones ecuestres más que nada se limitaban a los desfiles para las fechas patrias y las patronales del pago, y a las corridas de sortija, y mientras que los primeros eran en alguna avenida céntrica de la ciudad, las segundas solían realizarse en un lugar que se conocía como “Monte del Inglés”, lugar al que describen como un “hermoso campo (…) situado en Villa Ite, en las calles Agüero y Chascomús”, y citamos esto por la coincidencia con la ciudad desde donde estamos emitiendo: Chascomús justamente.
Para tener hoy en cuenta: a quienes pagando los $5 que salía la inscripción se aprontaban a participar de la sortija, se les exigía que “cada corredor debe estar trajeado a la antigua usanza”, y de las mismas solía participar nuestro poeta, al que le hemos comprobado que alguna sortija ensartaba, y es así que le registramos un décimo premio (consistente en un freno) en 1937 y un noveno dos años después, pero con seguridad deben haber existido muchos más.
En cuanto a los versos, que ya explicamos firmaba como “El Zurdo Nicasio”, solía contrapuntear en las páginas de la revista, con “El Chueco Maidana”, y cuando éstas tenidas se ponían picante, apaciguando los ánimos, terciaba “El Pampa Filemón”, siendo estos dos últimos Emilio Frattini y Rodolfo Nicanor Kruzich.
Según éste último, realmente mientras duraron dichos cruces, no sabía ninguno quien se escondía tras cada seudónimo. Y así debe haber sido, porque al pie del verso titulado “Tropiando”, publicado en 7/1947, el Director de la revista expresa: “Para El Zurdo Nicasio: sobre su “retobo” deseo hablar con Ud., llámeme…”, y seis meses después al pie del verso “De Vuelta y Media”, volvía a sentenciar: “Para ‘El Pampa Filemón’: deseamos nos haga llegar su verdadero nombre y domicilio, si desea luego seguir con el seudónimo, será mantenido en secreto”.
Indudablemente un sabroso condimento con el que Risso y los otros poetas aderezaban los versos que estaban muy vinculados a la Institución y a la gente que la frecuentaba.
A título personal mi juicio sentencia que le sobraba a “Pedrito” materia prima para dirimir con cualquiera que quisiera toparlo desafiándolo en décimas fogoneras, a pesar de lo cual no deja de ser un buen ejercicio ese de contrapuntear con distintos contendores.

Lo mostramos entonces, con uno de los versos de esas tenidas, uno que le dedicara al “Pampa Filemón” y que titulara “Sin Rayeros” y es de mayo de 1948.
(El verso se puede leer en el blog "Antología del Verso Campero")

domingo, 7 de enero de 2018

CADENA

LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 54 – 07/01/2018
Con su licencia, paisano! Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si compartimos “Decires de la campaña”.
La cadena. Recordará el oyente, que un año atrás, en la charla N° 4 al hablar del “palenque”, y luego en la N° 35 al referirnos a la “tranquera”, vino a colación citar a “la cadena”, como que hubo “palenques” de estancia construidos con gruesas cadenas marineras, y que también, según lo refrenda por 1881 don José Hernández, “tranqueras” de cadena, en aquellas entradas de estancias que daban a los caminos principales (los caminos reales), con lo cual queda acreditado su uso como muy antiguo en la vida diaria de nuestra campaña porteña.
Trataremos ahora de brindar otra información, otros datos.
Según el diccionario, la “cadena es una serie de muchos eslabones entrelazados entre sí, normalmente metálicos, que sirve principalmente para atar o sujetar”.
Dicho de otra manera, el eslabón es cada uno de los anillos o elementos que forman la cadena.
En la vida gaucha puede que no haya tenido muchos más usos que los dos recién apuntados, a los que le podemos agregar un tercero, como ser la cadena -más vale fina-, utilizada a veces en los pozos de agua de brocal, para subir y bajar el balde mediante el uso de una roldana.
Pero con la proliferación de las chacras y el desarrollo de la agricultura, la vida de campo a partir del 900 fue sufriendo un cambio considerable, y a la antes exclusiva vida pastoril, se le fue sumando el trabajo del arado, de las rastras y cosechadoras, y la cadena comenzó a tener una presencia más visible.
Suele de ser de cadena la barbada de un freno, también está presente en los yugüillos que aseguran la pechera, en los tiros de un carro prendida a los balancines, y muchas veces en el cierre de una tranquera de alambre, y también reemplazando a la aldaba en una buena tranquera, donde solía quedar el candado como ñudo de un pañuelo, en la cadena que se usaba de cierre.
Suele estar entreverada al habla coloquial, como cuando alguien dice “a un amor hecho cadena prendimos los corazones”, queriendo significar un amor fuerte, indestructible, o  como dijo el poeta Pedro Risso con el mismo significado pero referido a la amistad: "Sos cadena de eslabones, / pareja y sin una falla; / y un amigo de tu laya / no se encuentra a dos tirones".
Hablar de la cadena me trae un recuerdo personal, cuando allá 1961/62, después de una muy fuerte tormenta que se desató un anochecer, nos encontramos al amanecer siguiente  con el monte muy raleado, con muchas acacias en el suelo, cuyos troncos, después de desgajados, con una fuerte y largada cadena, a la asidera del recado y con el servicial zaino “Ciruja”, fui sacando uno por uno hasta una orilla, los que después en un aserraderos se transformaron en tablas que se volvieron tranqueras.
Agustín López, el poeta con raíces en el Pago de Alsina, partido de Baradero, le escribió a la cadena, los versos que vienen a continuación. "La Cadena" de Agustín López.
(Se puede leer en el blog: "Poesía Gauchesca y Nativista")

miércoles, 3 de enero de 2018

PEDRO RISSO (Charla 2)

AM 1520 Radio Chascomús – Audición “CAMPO AFUERA”
Micro Nº 25 – 03/01/2018

Antes de salir “campo afuera” pa’ poder tender la vista mirando lejos, dende’l banco chueco en el que estoy sentao, vamos a ver si le arrimamos unas “astillas” al “Fogón de los Poetas”.
En aquella emblemática revista “La Carreta” no solo publicaban verso los ya citados Emilio Frattini y Roberto Roncayoli, sino también los poetas: Florentino Hernández, Amadeo Desiderato, Rodolfo Nicanor Kruzich, Domingo Ghiozzi, Juan Oscar Shedden, Domingo Arietti, Francisco Asla, Bartolomé Rodolfo Aprile, entre muchos otros, varios de ellos ya con libros publicados (Frattini, Hernández, Desiderato, Aprile…), pero donde Risso, modesto, pero pisando con todo el ancho’e su pata, comenzó a marcar un rumbo al que se mantuvo fiel hasta el último suspiro: representar el ser y el hacer del paisano de vieja raigambre porteña, el hombre bonaerense, de un modo diferente a todos los del grupo presentado, que lo emparentaba nítidamente a “Charrúa” y Menvielle.
“La mayoría de sus versos en décimas perfectas, no eran otra cosa que el notable fruto de su experiencia coaligada a una prodigiosa imaginación. Algunos de sus versos eran muy claros y suaves, cual si fueran agua pura y cristalina de un manantial serrano, desparramaban una dulce sensación de placer y frescura incomparable.
Otros eran simples y recios cual si quisieran demostrar toda la grandeza de la pampa o si no la selvática ferocidad de nuestros montes. Pero en todos estaba latente la profunda,  expresión de nuestra paisanada, tan sencilla, simple y espontánea.”, tal lo expresado sobre él por alguien que no se identifica, en las páginas de Revista “La Carreta”.
Su amigo Osmildo Etulain, opinó que a través de su poesía ha mostrado un “gran orgullo por lo que siente y canta”, y que siempre lo ha hecho “al estilo de casi todos los petas sureños, que por serlo aman la grandiosidad pampeana con esa fuerza y bravura que es necesario tener para ser actor de tan imponente escenario”.
Por nuestra parte, en el libro “Cinco Poetas Gauchos” hemos escrito: “Don Pedro no fue un poeta de cenáculos literarios, ¡para nada! Fue sí, ¡una genuina expresión de la reunión de gente criolla en la matera, en las grandes cocinas de las estancias, en el fogón!
Expresión netamente campera, donde el predomino del tema lo tiene la vida cotidiana del hombre de la campaña; sus tareas, sus costumbres, su hogar, pilchas, paisajes, diversiones, y hasta las cosas más pequeñas que hacen a su forma de vida.
Y aquí lo que marca su estilo: el lenguaje exacto y fiel de los hombres de la campaña bonaerense con sus giros y expresiones, (que) reflejan la verdad de un reservorio de pureza que fue ¡y es!, el habla del hombre rural”.

Y como siempre lo hacemos, mostramos algo de lo dicho a través de un verso con un contenido muy sencillo, pero que sirve para mostrar la condición de ser buen paisano: “Una Gauchada”.
(Las décimas se pueden leer en el blog "Antología del Verso Campero")

miércoles, 27 de diciembre de 2017

PEDRO RISSO (Charla 1)

AM 1520 Radio Chascomús – Audición “CAMPO AFUERA”
Micro Nº 24 – 27/12/2017

Antes de salir “campo afuera” pa’ poder tender la vista mirando lejos, dende’l banco chueco en el que estoy sentao, vamos a ver si le arrimamos unas “astillas” al “Fogón de los Poetas”.

Por julio de 1946 -cuando ya es hombre de unos 30 años-, aparecen publicados los primeros versos de Pedro Risso, y para entonces es muy probable que en el ambiente gaucho de Avellaneda, aquella paisanada ya los conocieran de escucharlos en los fogones, pero habrá de ser a partir de 1970, cuando Héctor Del Valle lo comienza a difundir a través de un espacio que desarrollaba en la recordada audición “Amanecer Argentino”, que el poeta comienza a tomar vuelo y a ser reconocido en toda la provincia de Buenos Aires y también más allá de sus límites.
“Pedrito” -como los familiares y más allegado le decían- había nacido en la localidad de Aldo Bonzi, en el “viejo pago de La Matanza”, el 11/07/1915, y él mismo lo recuerda en su verso “Desde Lejos” cuando dice: “Como quien  vuelve pa’l nido / y en el recuerdo se afianza / quiero cantarle a Matanza / mi viejo pago querido. / Donde nací y he vivido / la mitad de mi existencia,…”, y tendría unos 15 años cuando la familia se muda a la pujante Avellaneda, donde -si no estoy equivocado- su padre se desempeñó como carnicero.
Por aquel entonces, la pujanza de los frigoríficos (La Negra, Argentino, El Anglo, La Blanca, entre otros), instalados en esa ciudad limítrofe con la Capital Federal, habían convertido a Avellaneda en un emporio de la gauchería, porque a la paisanada propia se sumaba la cantidad de reseros (gente muy campera), que llegaban con tropas por tierra, desde distintos puntos de la provincia profunda, en un continuo ir y venir con las pobladas tropas que la faena requería.
Con el tiempo, el mismo Risso se conchabó en esas cuestiones, en el “Mercado Nacional de Hacienda de Lanares”, donde llegó a ser capataz de playa, ya que en los años aquellos de una pujante Argentina exportadora, no solo había movimientos de vacunos, sino que lo mismo ocurría con porcinos y lanares, toda hacienda de muy buena calidad, dicho de otro modo: de exportación.
Tiene el poeta 17 años cuando en Avellaneda se constituye el Círculo Tradicionalista “Leales y Pampeanos”, reuniendo en uno solo a dos grupos que eran “Los Leales” y “Los Pampeanos”; cinco años después (1937), se asocia a dicha entidad, a la que se mantendrá íntimamente vinculado durante toda su vida, y si bien -aparentemente- nunca fue directivo, sí integró la Sub-Comisión de Prensa de la Revista “La Carreta”, que era el órgano de difusión de la dicha entidad, compartiendo tareas con los también poetas Emilio Frattini (el autor del tema ‘Clarinada’) y Roberto Roncayoli.

Quizás por esta función que desarrollaba, como para no comprometer a nadie, comenzó a mandar sus versos a la Revista, escondiéndose tras el seudónimo de “El Zurdo Nicasio”; justamente el primero que envía en julio de 1946 (con el que ahora ilustraremos), se titula “El Oscuro Mentao”, en el que -quizás para mayor disimulo- cita a Pedro Risso, lo que provoca que un par de números después, ahora firmando con nombre y apellido, mande unas décimas aclaratorias con respecto al dueño ese pingo mentao. 
(El verso se puede leer en "Antología del Verso Campero")

domingo, 17 de diciembre de 2017

ALAMBRE

LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 53 – 17/12/2017
Con su licencia, paisano! Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si compartimos “Decires de la campaña”.

Si bien en nuestra campaña la primera estancia que se alambró en todo su contorno fue “Los Remedios” de don Francisco Halbach y esto ocurrió por 1855, poco a poco, el ejemplo cundió, se fue extendiendo, y grandes extensiones de campo de se fueron cercando. Aquellos primeros alambrados fueron del tipo “de púa” aunque muy diferentes a los actuales, ya que dicho alambre consistía en una especie de chapa gruesa, con púas por el estilo de los dientes de un serrucho, distanciadas una de otra.
Aquel primer alambrado, según don Noel Sbarra en su libro “Historia del Alambrado en la Argentina”, se componía “de cuatro hilos de alambre de los números 5 y 6, sujetos con grampas a los de ñandubay (postes enteros) plantados cada 50 varas (unos 43 mts.) y con medios postes cada  cinco varas”.
El mismo investigador nos recuerda un aviso publicitario de 1882, en el que se expresaban las virtudes del “Alambre de acero invencible del Creusot -industria francesa-: es mejor – dura más – es más barato. Fuerza – duración – economía”.
Con el avance del alambrado, al ir apotrerándose los grandes campos, y al ir amansándose la hacienda y adaptándose a esta nueva vida, ya no fue necesario que todos los hilos del alambrado fueran de “púas”, y apareció el alambre liso, y ya los alambrados fueron haciéndose míxtos. Estos alambre lisos los hubo de distinto diámetro, siendo bastante gruesos los usados originalmente, bastante más que los lisos actuales.
El liso fino sirvió para reemplazar las grampas, y con éste se comenzaron a hacer las ataduras que fueran necesarias, ya se en postes intermedios como en las varillas que comenzaron a proliferar, incluso… se difundieron -teniendo mucho uso-, varillas hechas de alambre grueso retorcido.
Este alambre liso fue remplazando también las lonjas de cuero que humedecidas, se usaban para todo tipo de ataduras en la construcción de un rancho. Y así, poco a poco, no hubo función que no pudiese cumplir el alambre liso, al punto tal que se transformó en sinónimo de solucionar el problema más imprevisto, de allí aquella frase hoy popular, de que “lo atamos con alambre”.
 Como definición podemos copiar aquello de que: ”Se denomina alambre a todo tipo de hilo delgado que se obtiene por estiramiento de los diferentes metales de acuerdo con la propiedad de ductilidad que poseen los mismos. Los principales metales para la producción de alambre son: hierro, cobre, latón, plata, aluminio, entre otros (…) antiguamente se llamaba alambre al cobre y sus aleaciones de bronce y latón".

Para ilustrar poéticamente algo de lo dicho recurrimos a los versos que Luis Balbo titulara “Alambre de Fardo” (Se pueden leer en el blog "Poesía Gauchesca y Nativista"