martes, 27 de abril de 2010

Don CARLOS MONCAUT Un Hombre Inolvidable


Una forma potencial de evocar el “bicentenario” patrio, es recordando a quienes con pasión han trabajado por desentrañar los recovecos de la historia; por eso, para los platenses y especialmente para los de la zona Norte del partido, resulta ineludible referirse a D. Carlos Antonio Moncaut, de quien mucho vamos a extrañar durante éste especial año, las enriquecedoras notas con que nos ilustraría, sucesos y hechos curiosos de aquellos años gloriosos, que casualmente no aparecen en los textos habituales para el conocimiento del ayer.
El 22 del corriente se han cumplido dieciséis meses de su desaparición, acaecida a los 81 años, el 22/12/2008. Había nacido en la localidad de Ángel Etcheverri, se crió en vecindades de la Estación Ferroviaria La Plata, y desde su juventud se aquerenció en un encantador barrio próximo a la Estación City Bell.
Más allá de sus virtudes de historiador, es grato recordar -copiando su evocación de las cosas menudas-, que en el jardín de su confortable y apacible vivienda, se recrea con naturalidad el paisaje del campo pampeano, con matorrales de paja brava, árboles de la flora criolla, y alguna lagunita muy a propósito de los distintos patos silvestres y chajaes que pueblan ese ámbito, junto a alguna gallina y alguna pata criolla con sus pequeños a la rastra, todo prolijamente presentado y atendido.
Una base de molino, algún señalador de viejos caminos, un mojón de piedra, otro de madera dura, un mortero y cuantos etcéteras el lector imagine, se encuentran prolijamente diseminados por ese “criollo” escenario.
Moncaut, comenzó en su adolescencia -los 15 años aproximadamente- a interesarse por los temas rurales y por acopiar libros, diarios, revistas y todo papel que pudiese aportarle información del pasado. Recordaba con una sonrisa, que las monedas que su padre solía darle para ir al cine o algún otro pequeño gasto cotidiano, las guardaba, y cuando había juntado la suma necesaria, la invertía en algún libro que su ojo avisado había descubierto en ésta o aquella otra librería.
Al momento de su partida se encontraba abocado con ahínco a redactar un libro sobre “los grandes félidos americanos” (yaguareté, puma y otros), y tenía en mente -ya había apartado el material primario-, escribir sobre las cartas que Don Juan Manuel de Rosas dirigía puntillosamente a los encargados de las estancias que administraba. Y no es todo: hasta último momento siguió acopiando material de estudio.
Citando lo que menos que de él se sabe, es bueno recordar que tenía gran afición por la pintura, habiendo volcado en telas no muy grandes, agradables motivos y paisajes de distintos puntos que visitó del país, siempre acompañado por la inseparable “Lili”, su esposa María Teresa Barberis.
Quizás el destino lo tenemos marcado desde el momento mismo del nacimiento, por eso, cuando cumplió 80 años escribimos al comenzar una nota: "Parecería que el nacer en una escuela le marcó un destino 'de letras', y como esa escuela era rural, la particularidad le agregó 'el amor por la campaña' ".Simple y claro como un arroyo incontaminado, así era Moncaut.¡Gracias ‘maestro’ por habernos permitido abrevar en su aguada!

(Publicado en Semanario Norte - Diario El Día - Viernes 23 de abril de 2010)

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