domingo, 19 de noviembre de 2017

CLAUDIO AGRELO

El pasado martes 14/11, el amigo Agrelo ha cumplido 60 años. Lo homenajeamos con este comentario

 Nació en la Ciudad de Bs.  As. el 14/11/1957, en el seno de una tradicional familia criolla, vinculada a los albores de la Nación y a la música argentina, ya que es chozno de Pedro José Agrelo, vocal Constituyente en la Asamblea de 1853, y sobrino nieto del 1º concertista de música argentina, Juan Alais.
Se crió en el porteño barrio de Flores, al que gusta llamar “el Pueblo de San José de Flores”, como antaño se decía cuando se afincaron sus mayores. A todo esto, su padre tenía un tambo por Marcos Paz. Contó alguna vez: “Mi abuelo fue un hombre de campo -como toda la familia de mi padre-  y supo ser guitarrero y cantor”. Casualmente, cuando cumplía 7 años, fue su abuelo quien obsequió una guitarra.
Ya más grandecito su padre le regalará un caballo colorado, definiéndose entonces sus dos pasiones, la guitarra y el caballo.
Por su afición a éste, es que a los 20 años se conchaba en el Mercado Nacional de Hacienda,  en “Mataderos·” como popularmente se conoce el sitio, y forma entonces entre “los reseros”, como se denomina a los trabajadores de a caballo. Transcurrirán 3 años en los que silenciará la guitarra “artísticamente”, para enriquecerse en el aprendizaje del trabajo paisano, y escuchando las narraciones y el canto criollo de boca de sus curtidos compañeros.
Antes, cuando solo tenía 15 años, apadrinado y presentado por el cantor Carlos Ríos, debuta en el célebre programa “Un Alto en la Huella” de Miguel Franco. Corría 1972.
Reconoce en Carlos López Terra y Wenceslao Varela, el norte de su rumbo; sin dejar de reconocer que también se ha nutrido de Pedro Risso, Rafael Bueno, Secundino Cabezas, Vasco Giménez, entre otros poetas de trazo muy campero.
Si bien volcó al papel sus pensamientos líricos desde joven, se dio el tiempo suficiente para cimentar su oficio, interpretando temas de aquellos, y recién cuando sintió que podía pisar con toda la pata, comenzó a misturar los versos de su cosecha.
En el año 92, cuando la Municipalidad de Lomas de Zamora organizó el Certamen “Nicanor Kruzich”, que premiaba al ganador con la edición de un libro, presentó una carpeta y confió a los amigos: “Si llegará a ganar, voy a pedir que editen los versos de Kruzich y no los míos”. Finalmente obtuvo una “Mención”.
Destacamos que en 2005 y 2006 obtuvo el Premio “Santos Vega” como mejor cantor solista. 

HORNO DE BARRO

 LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 50 – 19/11/2017
Con su licencia, paisano! Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si compartimos “Decires de la campaña”.

En otros tiempos ha sido como una postal de la argentina, porque no solo en nuestra campaña, sino en todos los rincones del país, era común que al lado de un rancho criollo bien plantado, se encontrase un horno  de barro. Hoy, si bien ese paisaje ha cambiado, el horno de barro o de ladrillo y barro, perdura, y ya no solo en casas de campo, sino que también en residencias puebleras, pues las nuevas técnicas han facilitado su construcción y hasta se los vende hechos. Pero volvamos al ayer.
Para aquellos que no lo hayan visto (cosa que creo difícil), su forma remeda la del nido del hornero, ya que como en éste el material primordial es el barro, es redondeado y abovedado, y como si fuese la entrada del nido, está la boca por la que se ingresa lo que haya que cocer. En la parte opuesta a la boca y en el sector más alto, se le confecciona una abertura pequeña que se denomina “tronera” y que oficia de chimenea o tiraje.
Normalmente se confeccionaba una estructura fuerte de más o menos un metro de altura, sostenida en cuatro esquineros formando una base cuadrada sobre la que se construía el horno. Con referencia a esta base, en su “Diccionario de Argentinismos”, Diego Abad de Santillán nos apunta una particularidad que ya compartimos: “En algunas regiones, al construir el horno, trazan en el centro de su mesa una cruz con sal, que luego cubren con barro o con otra camada de ladrillo, y que, según la creencia popular, hace que no se quemen los alimentos puestos a cocer”.
Para calentar el horno se ingresa leña fina por su boca y algunas astillas de buena madera, como el tala, ubicándolas en el centro de la base, donde se encienden; al consumirse el fuego, las paredes interiores deben verse como de un blanco iridiscente, y su temperatura se verifica introduciendo algunas hebras de pasto bien seco o un trozo de papel, que al instante deben encenderse.
Bien caliente el horno, se cuece en él el pan casero, empanadas, pasteles, tortas, un lechón, etc. etc.
Al momento de cocinar los alimentos, se tapa la boca del horno lo mismo que la tronera evitándose así la perdida de calor.
No se borran de los recuerdos del ayer, las ricas empanadas de dulce de membrillo que preparaba mi abuela “Chicha” Cepeda, y que cocía el horno que había templado con eficiencia mi tío Raúl Mercante.

Poetizando algo de lo que hemos dicho, vayan ahora los versos que escribiera Marcelo Altuna (Se pueden leer en el blog Antología del Verso Campero)

lunes, 13 de noviembre de 2017

ESTRIBO

LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 49 – 12/11/2017
Con su licencia, paisano! Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si compartimos “Decires de la campaña”.

Cuando el conquistador llegó a nuestra América trayendo el caballo, junto con las sillas de montar nos trajo el estribo en sus distintas variantes, que luego entre nosotros fue tomando sus características propias y regionales.
Como muchas de las cosas que han sido y son de uso universal,  el estribo aparece -antes de la época cristiana-, por India (se estribaba solo el dedo gordo del pie), y se perfecciona en China. Este dato a nivel informativo.
Cuando el español llega a estas tierras, en el reino de España estaba en pleno apogeo la forma de montar llamada “escuela de la jineta”, caracterizada por una silla liviana, la estribada corta, el manejo con solo dos riendas tomadas en la mano izquierda, y el empleo de las piernas y los pie para colaborar en las órdenes dadas al caballo. El estribo era, en el apoyo del pie, de un importante ancho, y fabricados generalmente en bronce, aunque podía haberlos de lujo confeccionados en plata.
Ya en la centuria del 1700, cuando nuestro gaucho amoldó lo que trajo el español adaptándolo a sus necesidades, modificó la estribada, haciéndola larga, pero manteniendo las otras características.
En un principio nuestro hombre fue reticente al uso del estribo estando ya montado. Por eso recurrimos a Justo P. Sáenz (h) para que sea él quien lo cuente: “…el gaucho nunca estribó corto. Siendo una de las características de nuestra equitación, especialmente en las pampas, la soltura y escaso afianzamiento en el recado por parte del jinete, ocasionado por el peligro constante de las rodadas, nuestros campesinos procuraron no depender del estribo para nada. Este desdén por tal auxilio es particularmente notable en el paisano porteño y de éstos especialmente en los del sur de la provincia de Buenos Aires, que llegan a prescindir de él por completo o a usar cuando mucho el de montar.”
En sus orígenes, la falta de provisión de estribos de metal, hizo que el ingenio criollo crease el “estribo de botón pampa” y el “estribo de pichico”, los que se usaban calzándolos entre los dos dedos mayores del pie.
En los lomillos más antiguos se usó el llamado estribo de “piquería”, pieza de confeccionada en “fierro” para la punta del pie. También se usó el de “campana” o “brasero”, del que -a modo de disparate- se llegó a decir que era un hornillo al que se echaban algunas brasas para atemperar el frío en el pie. (¡quisiera ver al montado si el estribo caliente le rozaba la panza!!). Posteriormente apareció el estribo de “suncho o porteño”, el de “chalay”, el de “aspa”, “el surero” de suela claveteada  con clavos de bronce, y muchos más.

Ilustramos con unas décimas del poeta de Dolores, Roberto G. Morete: "Estribos de Aspa"
(Los versos se pueden leer en el blog "Antología de Versos Camperos")

domingo, 29 de octubre de 2017

MATE

LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 48 – 29/10/2017
Con su licencia, paisano! Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si compartimos “Decires de la campaña”.

Aunque todos sabemos lo que es el mate y disfrutamos de él, no está demás que le dediquemos algunas palabras tratando de recordar su historia, y conocer por allí, alguna particularidad.
El uso y la costumbre ha hecho de que denominemos “mate” al recipiente en que lo tomamos y al acto de tomarlo, aunque realmente tal es la infusión, compuesta por la “yerba mate” secada y molida, la que tiene por nombre científico el de “ilex paraguayensis”.
En el primer intento de un Diccionario de Argentinismos conformado allá por 1877, se ve algo de lo que intentábamos explicar, ya que al abordar la palabra mate define: “bebida hecha de la infusión de las hojas de la Yerba Mate, con azúcar, y que se toma en una pequeña calabaza, por medio de un tubo llamado bombilla”, y como 2° acepción agrega: “La vasija o calabaza en que se dispone esta agradable bebida”. Acá se ve, como ya dijimos, que mate es el todo: la yerba, el recipiente y el acto de ingerirlo.
Siguiendo la línea de los diccionarios, en el que escribiera Daniel Granada allá por 1890, nos enteramos que “La voz mate es originaria del Perú. Su primitivo sentido fue el de la calabaza (…) usada como receptáculo, ya de líquidos, ya de otros objetos”, pero, aclaramos, esas calabazas no eran como las que estamos habituados a ver, pues por el contrario eran de gran tamaño, y el mismo Granada explica que crecían donde estaba la comunidad de los indios “paiconos”, a unas “veinte leguas de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra”, y que eran unos “calabazos o mates muy hermosos a la vista, y hacen algunos de ellos á botija y media y á dos botijas de agua; sirven para tener ropa en ellos.”. Aclaramos lo de botijo diciendo que es un nombre vernáculo dado a un variado grupo de vasijas de barro, por lo general de tamaño mediano, cuerpo esférico y de cuello estrecho y breve”. Por último, siguiendo al mismo escritor, repetimos con él: “Conservó en boca de los españoles, el propio nombre de mate, cuando sirvió de vasija para tomar mediante una bombilla la infusión de la yerba…”.
Al inicio del libro “El Mate – Bebida Nacional de los Argentinos” de Scutellá, uno de los prologuistas dice: “La vida del hombre de campo se ve reconfortada por el mate, compañero silencioso de todos sus buenos y malos momentos; durante el trabajo y el descanso, y también en sus vigilias”. Cabal definición. Y aunque el mate es el mate en el trabajo, el descanso y las vigilias, cuenta Scutellá que un viejo gaucho, en un anochecer  provinciano, le sentenció: “Siempre es el mismo mate, siempre… pero según los momentos tiene un sabor distinto”.
Tomamos unas interpretaciones del poético Artemio Arán: “Para mí, fue baluarte, poncho, daga, y hasta coraza contra la pobreza.  //  ¡Si te habré succionado en mis desesperanzas, hermanito mate!”

Ilustramos con unos versos de Evaristo Barrios: "El Mate"
(Las décimas de Barrios se pueden leer en el blog "Poesía Gauchesca y Nativista")

domingo, 22 de octubre de 2017

PLATERO

LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 47 – 22/10/2017
Con su licencia, paisano! Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si compartimos “Decires de la campaña”.

Cuando decimos platero, nos referimos al artesano que labra la plata, el que elabora con ese noble metal, variados objetos que pueden ser ornamentales, religiosos o de uso familiar, por ejemplo: relicarios, cruces, vasos, cálices, candelabros, bandejas, fuentes, mates, bombillas, etc. etc.
El de platero es un oficio que acompaña al hombre desde el fondo de los tiempos.
José Torre Revello, un especialista en este tema, nos cuenta que cuando Hernán Cortés, en la segunda década del 1500 conquista México, le informa a su Rey que se encontró con que “hay joyería de oro y plata y piedras, y otras joyas de plumaje, tan bien concertado, como puede ser en todas las plazas y mercados del mundo”. O sea, que ese pueblo conquistado estaba muy adelantado en asuntos de platería y orfebrería.
Ahora bien, en nuestra campaña, cuando decimos platero nos estamos refiriendo a aquel artesano que confecciona, rastras, cuchillos, facones, cabos de arreadores y rebenques, estribos, juegos chapeados para la cabeza del pingo, cabezadas de lomillos y cabezas de bastos, etc., o sea, todas aquellas pilchas que tienen que ver con los lujos criollos.
Pero antes de llegar a este tipo de plateros, debemos remarcar, que en sus orígenes entre nosotros, los primitivos artesanos se abocaban fundamentalmente a trabajos de carácter religioso, y a piezas de uso diario en la vida de la sociedad más acomodada.
En cuanto a la platería criolla, aunque es odioso establecer fechas, podemos decir que es en el Siglo 19 -la centuria que comienza en el 1800, y marca el tiempo de apogeo del gaucho-, cuando comienza a aparecer y a definirse, marcando las características con que ha llegado hasta nosotros.
El ya citado Torre Rovello, refiriéndose a unos años antes del inicio de esta etapa, dice: “Consumados maestros engalanaban primorosamente los lujosos arreos y monturas que lucían ricos parroquianos, quienes, en las fiestas patronales, gustaban deslumbrar a sus convecinos con ‘pingos’ que ostentaban juguetonas cabezadas con labrados frontales, pretales, riendas y estriberas, en las que el cuero desparecía bajo el agobio y brillo de los metales, taleros, puños de facones y boleadoras, sin que dejemos en olvido las estrelladas nazarenas, ni otros pequeños artefactos que con presunción y orgullo lucían sus poseedores”.
Los primeros nombres de plateros que registra la primitiva Buenos Aires, son los de Melchor Migues (a quien se le manda confeccionar en plata el escudo de la ciudad), y Miguel Pérez, éste catalogado como ‘platero de oro’. Esto allá por el despuntar del 1600.
En el Siglo 19 quedaron catalogados como plateros de mucho mérito vinculados a la platería criolla, nombres como los de Cándido Silva, J. Pérego y Manuel Alais cuyas piezas hoy son buscadas y coleccionadas.

       Cerramos ahora con una poesía del puntano León Benarós, justamente titulada “El Platero”
(El poema se puede leer en el blog "Poesía gauchesca y nativista")

miércoles, 18 de octubre de 2017

ROMILDO RISSO (Charla 4)

AM 1520 Radio Chascomús – Audición “CAMPO AFUERA”
Micro Nº 17 – 18/10/2017

Antes de salir “campo afuera” pa’ poder tender la vista mirando lejos, dende’l banco chueco en el que estoy sentao, vamos a ver si le arrimamos unas “astillas” al “Fogón de los Poetas”.
El miércoles pasado, tras la evocación, al hablar con Líneas, surgió el tema de cuántos libros había publicado el poeta, y posteriormente, al revisar el tema contamos 12 libros, 8 en vida, y 4 póstumos, y fue ahí cuando notamos que habíamos omitido mencionar al último de ellos, titulado “Raimundo” y publicado en Montevideo en 1964, por la Asociación Cultural Tradicionalista del Río de la Plata.
Salvado el error, digamos que lo que más conoce el público en general, son aquellas poesías que fueron grabadas llegando de esa manera a más gente. Por ejemplo: “¡Que no te pase lo mesmo!” (grabada como ‘Canción de los horneros’), “Senda del rancho a la cruz” o “Los ejes de mi carreta”, siendo éste quizás, el tema que más lo ha trascendido, incluso internacionalmente, pero… que si lo miramos detenidamente… no es de los mejores poemas de Risso, al punto que el personaje que no engrasa los ejes puede ser considerado un “dejado” que no piensa en sus animales. Entre nosotros, Evaristo Barrios, un poeta que hizo el camino inverso al de Risso, ya que se radicó y triunfó en Uruguay, le dedicó un tema crítico: “Los ejes de tu carreta”, que comienza diciendo, “Es más que gaucho haragán / el que no engrasa los ejes,”, y remata en la tercera y última décima, “¡Hacete un lao con tu cuento / que pa’ cantar desentona…!”. Por supuesto que mientras el otro es mundialmente conocido, éste es desconocido mayoritariamente.
En la segunda evocación hablamos de la amistad y la influencia que ejerció sobre el joven folclorista que por 1929 era Yupanqui; pero esa amistad no fue para toda la vida, ya que muy pocos años después Risso se sintió ofendido y defraudado. Ocurrió que 29/05/1937 Yupanqui ofreció una conferencia en la Institución Tradicionalista Argentina “El Ceibo” bajo el título de “El camino, elemento inspirador de la canción nativa”. Un año más tarde -más precisamente 6/1938-, indudablemente con algún problema conyugal de por medio, la entonces esposa de Yupanqui le muestra al poeta el texto de la conferencia que la agente de “El Ceibo” había hecho imprimir, en el que Risso descubre no solo copiado su pensamiento, sino también textos del libro “Hombres” como así también de otros papeles inéditos, que el maestro en afán formador, había facilitado al discípulo. Risso solicita a las autoridades de “El Ceibo” dos ejemplares del folleto impreso y los mismos le son entregados en mano, nada menos que por Don Gualberto Márquez (Charrúa). Parecería ser que nunca hubo una retractación, como sí hubo muchos “olvidos de autor” cuando las interpretaciones de “Los ejes de mi carreta”.
El texto con la historia completa de este entuerto, fue publicado por la Revista “La Carrreta” en su ejemplar N° 73 de 08/1938, con la firma de Romildo Risso.
Un mes antes de esta fecha, había asumido la presidencia de Uruguay el Gral. Baldomir, quien lo invitó a Risso a formar parte de su gobierno, motivo por el cual volvió a su tierra ocupando altos cargos hasta que lo sorprende la muerte el 29/03/1946, a los 63 años de edad.
Ese día, en una céntrica confitería de Montevideo se presentaba José Adolfo Gaillardou, “El Indio Apachaca”, con su repertorio de recitador, y al anunciar un tema de Risso, un asistente se puso de pie y le advierte: “Hoy ha muerto el poeta”, noticia que lo dejó de una pieza, para paso seguido improvisar una evocación laudatoria sobre el poeta.

Esto me lo contó el propio “Apachaca”.
(Se ilustró con "Ponchito'e Verano", poema que se puede leer en el blog "Antología de Versos Camperos")

miércoles, 11 de octubre de 2017

ROMILDO RISSO (Charla 3)

AM 1520 Radio Chascomús – Audición “CAMPO AFUERA”
Micro Nº 16 – 11/10/2017

Antes de salir “campo afuera” pa’ poder tender la vista mirando lejos, dende’l banco chueco en el que estoy sentao, vamos a ver si le arrimamos unas “astillas” al “Fogón de los Poetas”.
Ya dijimos en la charla anterior que los dos primeros libros de Risso fueron “Ñandubay” y “Aromo”, en ese orden, impresos en Rosario por la Agrupación Tradicionalista “El Mangruyo”. A estos le darán continuidad: “Huaco”, impreso en Buenos Aires en 1936, “Hombres” de 1937 y “Fernando Máximo" de 1939, estos dos con sello editorial “Buenos Aires / Montevideo”; “Vida Juerte” de 1944, y del mismo año el libro en prosa “Joven Amigo”; por último “Luz y Distancia” (1946).
Acaecida su muerte, la “Asociación Cultural Tradicionalista del Río de la Plata”, queda con la responsabilidad de dar vida a la obra del poeta. Dijo éste: “Dejo mi obra en manos de todos ustedes respetando el derecho de disponer de ella como de cosa propia y no mía”.
En el Senado uruguayo, el senador Ledo Arroyo Torres, refiriéndose a Romildo Risso, aclaró: “La Asociación Cultural Tradicionalista del Río de la Plata” (…) es una institución argentina, que ha tenido la deferencia para el Uruguay (…) de darle preferencia a un poeta del Uruguay, Don Romildo Risso”. La Asociación tenía su sede con domicilio en la ciudad de Buenos Aires.
Cumpliendo con el compromiso asumido, dicha Asociación publicó, ya como póstumos: “Tierra Viva” en 1948, con pie de imprenta “Buenos Aires / Montevideo”, “Humo de Patria” en 1949 y “Con las Riendas Sueltas” en 1955, estos dos con sello editorial en Buenos Aires.
En este punto, el presidente de dicha institución, D. Eduardo A. Trejo, dice: “Con este libro, damos término a la misión que nos confiara Romildo Risso…”; entendemos que el poeta les dejó los originales de esos tres libros, pero más tarde aparecen los títulos de dos más, que se consideran inéditos, no publicados: “Leña Caída” y “Charamuscas”.
Hablando de sus primero libros, el también poeta oriental Serafín J. García, lo definió: “Es un poeta inspirado y original, de personalidad bien definida, cuyo acento logra su mayor fuerza cuando canta a los árboles y discurre por entre la sabia intimidad de la naturaleza”.
Cuando la aparición de su primer libro, en el diario La Nación escribió un crítico: (la descuidada exigencia del verso) “representa un elemento de eficacia literaria, pues infunde a la obra un tono de sencillez y espontaneidad que presenta los personajes en toda su rusticidad que no saben esconder la noble pasión, ni su lealtad esencial. Composiciones como “Asigún sea el hombre” y las dedicadas al Viejo Atanasio -figura tan atrayente como real-, son las que mejor definen el valor de este libro, ameno y bellamente inspirado”.

Redondeando, la Asociación que publicara sus libros póstumos, definió que “En su canto al gaucho -concebido como un símbolo en su figura moral y espiritual- mostró sus virtudes, como ejemplo por su valimiento, por su dignidad y las innumerables pruebas de desinterés con que sirvió a la patria en todo orden;”.
(Ilustramos con "A Golpe de Hacha", que se puede leer en el blog "Poesía Gauchesca y Nativista")

domingo, 8 de octubre de 2017

DILIGENCIA

LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 46 – 08/10/2017
Con su licencia, paisano! Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si compartimos “Decires de la campaña”.

Con el nombre de diligencia, galera o mensajería se conoció en el Siglo 19 a los grandes vehículos que tirados por muchos caballos, transportando pasajeros, correspondencia y encomiendas, realizaban verdaderas travesías en los dilatados llanos de nuestra campaña, pero así también, hacia los cuatro puntos poblados del país de entonces.
Parodiando los viajes marinos de las carabelas de los primeros conquistadores, bien podemos afirmar que eran esas diligencias, atrevidas carabelas en las arriesgadas travesías pampeanas.
Para aquellos que nunca vieron uno de estos vehículos, les decimos que son los mismos que aparecen en las películas y series que refieren a la vieja vida del oeste norteamericano. Esto es tan así, que hacia la mitad del Siglo 19, el emprendedor riojano Timoteo Cristobal Gordillo, fletó en EE.UU. “tres buques (de 500 toneladas cada uno), cargados con instrumentos de agricultura, maquinarias, dos molinos, cien carruajes, ciento cincuenta carros de cuatro ruedas y de elásticos, los primeros de esta clase que se introdujeron en el país”.
Con estas diligencias fundó la Empresa “Mensajerías Argentinas”, con la que abrió rumbos y caminos.
Dice Enrique Rapela, que con caminos en buen estado y buen tiempo, llegaban a recorrer 16 leguas por día, o sea, unos 80 kilómetros. Debemos valorar aquello y decir que era todo una hazaña. En dicho recorrido, más o menos cada 4 leguas (dependía del tipo de geografía por la que iba el camino), había una posta, donde se mudaban los caballos y los pasajeros podían estirar las piernas y reponerse de los sacudones del viaje, como también comer o tomar algo.
La galera iba al mando del mayoral, y cada posta respondía a las órdenes de un maestro de posta.
En cuanto a la atada del vehículo, no había una sola forma, y más vale se la acomodaba a la necesidad del viaje. Por ejemplo, el dolorense Ambrosio Althaparro nos cuenta como él lo vio: “seis caballos atados al tronco como en abanico, y además, el montado y ladero de cuatro postillones, eran los catorce animales que se mudaban en pocos minutos”; Luis Cané, en una poesía nos dice que son doce, y Juan Ambrosetti, relata que “se atan 9 animales: dos tronqueros, tres al pecho delante de ellos, y 4 cincheros, dos de cada lado”.
En cuanto al pasaje iba de 10 a 16 personas, y como dijo don Carlos Moncaut, la galera era un ámbito unificador de niveles sociales, ya que podía ir el estanciero con su señora, un militar, un médico, un comerciante, un gaucho,  un cura o una paisanita que iba a la estancia donde la habían conchabado, etc., sufriendo todos idéntico calvario de sacudones y apretujamientos.
Si nombramos a Gordillo, también citamos a otros importantes empresarios como Juan Rusiñol y Joaquín Fillol, y recordamos algunos nombres de estas empresas: “La Pobladora”, “La Prestigiosa”, “La Argentina del Sud”, “La Brisa del Desierto” y “La Porteña”, entre muchas otras.
(Se ilustró con "La Diligencia" de Justo Olarans Chans, que se puede leer en el blog "Poesía Gauchesca y Nativista") 

miércoles, 4 de octubre de 2017

ROMILDO RISSO (Charla 2)

AM 1520 Radio Chascomús – Audición “CAMPO AFUERA”
Micro Nº 15 – 04/10/2017

Antes de salir “campo afuera” pa’ poder tender la vista mirando lejos, dende’l banco chueco en el que estoy sentao, vamos a ver si le arrimamos unas “astillas” al “Fogón de los Poetas”.

ROMILDO RISSO (Charla 2)
El miércoles pasado decíamos que el primer libro de don Romildo, “Ñandubay”, apareció en 1931, y que ya estaba entre nosotros desde 1910. Algo así como una década después de su arribo, el 24/02/1921, junto a otros hombres de la cultura de Santa Fe, fundan la Agrupación Tradicionalista “El Mangruyo” con la finalidad de “…difundir y amparar usos y costumbres tradicionales de la campaña; de fomentar el amor a lo auténticamente argentino, a su arte y a la literatura gauchesca…”.
Por 1929, un joven bonaerense -para más datos de Pergamino-, que se había largado a andar los caminos de la Patria de la mano del canto y la guitarra, se acerca buscando el reparo y sombra de ese árbol ya curtido que era Risso, y lo tratará asiduamente por aproximadamente un lustro, o sea, hasta 1933. Aquel mozo de jovencísimos 21 años se llamaba Roberto Chavero el que trascendería como Atahualpa Yupanqui.
Casualmente, sus primeros tres discos simples, los grabará el 20/07/1936, en el sello Odeón, en cuyas carátulas se agregará: “Agrupación Tradicionalista El Mangruyo – Plan de difusión de música y literatura indo americana”; en los registros de la empresa grabadora se deja constancia que era grabaciones particulares. Pero, más allá de esa circunstancia, el mentor de ese logro, fue Romildo Risso. Allí Yupanqui interpreta cuatro temas de su autoría, y dos de Risso, “Apariencias. Motivo del carrero”, y “Cumbres siempre lejos” musicalizada esta como vidalita. En los sobres correspondientes a cada disco, se cita que “El Mangruyo” ha editado también dos libros del poeta: “Ñandubay” y “Aromo”.
Para esta concreción fue muy importante el aporte de la empresa Yerba Néctar, de allí que al final de cada grabación la seguía una frase que concluía diciendo “Gentileza de Yerba Néctar, que convence al primer mate”. Otra particularidad que vale mencionar es que toda la producción estuvo fuera del comercio, y los discos se obsequiaban con una cantidad de yerba.
Recién cinco años después hará Yupanqui su primera producción discográfica comercial.
El asunto de Yerba Néctar nos hace pensar que posiblemente era un producto de la Empresa Yerbatera Argentina S.A. para la que trabajaba como “gerente” el propio el poeta. De ser así, es de pensar que también logró ese apoyo financiero.
El escritor rosarino D. Luis Ernesto Aguirre Sotomayor opinó respecto de la relación Risso/Yupanqui, que éste “…recibió en el momento más oportuno de su vida, cuando se aprestaba a penetrar en la fama, la savia nutricia de Risso. Y éste, sabiamente, a lo gran maestro, hizo que cada lección tuviera un objeto inmediato”.

Consecuente con el desarrollo de la página de hoy, cerraremos con la lectura de “Apariencias – Motivo del carrero”: (Se puede leer en el blog "Poesía Gauchesca y Nativista")

domingo, 1 de octubre de 2017

HIJAR

LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 45 – 01/10/2017
Con su licencia, paisano! Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si compartimos “Decires de la campaña”.
Vamos a intentar referirnos a una pilcha del recado antiguo, de la ensillada con lomillo, pero de la época que se ensillaba a diario, cuando era de uso habitual y había que cubrir necesidades. Cuando no era pilcha de colección ni de concursos. Y esa pilcha es “el hijar”.
Si bien, sobre cada palabra que definimos tenemos alguna somera idea, un mínimo conocimiento, siempre buscamos referencias de voces autorizadas para reforzar y apuntalar lo que sabemos; y en este caso, comenzamos por citar a Diego Avada de Santillán (aquel español que escapando de Franco se radicó entre nosotros construyendo una obra de profundo contenido argentinista). En su “Diccionario de Argentinismos -de ayer y de hoy-” dijo del “hijar”: “Cuero de potro bien sobado y con todo su pelo, al que se cortaba las garras y la parte del cogote, dejándolo de forma cuadrilonga. Se lo llevaba doblado entre las caronas o encima de ellas y a veces reemplazando en el recado a la carona de suela. Desdoblado, servía para protegerse de la lluvia, formando con él una especie de toldo (…) También se usaba para cubrir las bajeras que constituían la cama del gaucho cuando dormía a campo.”
Con lo dicho ya estaría explicado y definido que era el “hijar”, pero tentado estamos de copiar lo que informa ese maestro de las gaucherías que fue Don Justo P. Sáenz (h), cuando dice: “…creo conveniente recordar aquí un accesorio del recado antiguo que muy pocos conocen (se refiere a 1943), pero que fue de gran utilidad en aquellos tiempos en que eran desconocidas, o por lo menos muy caras, las lonas o telas impermeables. Me refiero al híjar, cuero crudo de potro de forma cuadrilonga, bien sobado, que solía llevarse entre una y otra carona o arriba de la de suela. El híjar suplía con creces a la carona de vaca en todas las aplicaciones de ésta que menciono a continuación, sirviendo además como puerta o ventana en los elementales ranchos de entonces y a manera de ocasional bebedero de perros y caballos en las “travesías”, reteniendo en su seno expresamente ahuecados, el agua que el viajero vertía de sus chifles.”
Francisco Javier Muñiz, la primera persona que entre nosotros, por 1845,  intentó reunir en forma explicada voces de nuestra habla popular, refiriéndose a los gauchos boleadores, dijo del “hijar”: “Para abrigarse de un temporal llevan entre las caronas un cuero de potro desgarrado (híjar). Cuando llueve si se hallan entre pajas altas atan las sumidades de las que están paralelas, ya una con las otras ya con las plumas largas alares del ñandú. Estirando después el hijar sobre la frágil bóveda con el pelo para arriba, a fin de que no se recale, lo aseguran del mejor modo.” Y continúa dando otras explicaciones de armar ese bendito, y de otros usos de dicho cuero.

Hecho el recuerdo, lo ilustramos ahora con unos versos de Roque Bonafina que titulara "El Hijar"
(El verso se puede leer en el blog "Poesía Gauchesca y Nativista")

miércoles, 27 de septiembre de 2017

ROMILDO RISSO (Charla 1)

AM 1520 Radio Chascomús – Audición “CAMPO AFUERA”
Micro Nº 14 – 27/09/2017

Antes de salir “campo afuera” pa’ poder tender la vista mirando lejos, dende’l banco chueco en el que estoy sentao, vamos a ver si le arrimamos unas “astillas” al “Fogón de los Poetas”.

Evocaremos ahora a un poeta muy defensor del gaucho, pero muy diferente en su forma expresiva a los dos que ya hemos tratado: Charrúa y Etchebarne.
Romildo Risso nació en Montevideo -la capital uruguaya-, el 20 de octubre de 1882 (cuando entre nosotros se estaba por fundar la ciudad de La Plata), o sea hace ahora 135 años, siendo su madre Da. Amelia Sánchez y su padre el Comandante de Marina Don Luis Risso, quien con su ejemplo le marcó un rumbo y le brindó el concepto de ser gaucho.
Completaban la familia sus hermanos: Amanda, Irene, Luis y Juan Carlos.
Siguiendo los pasos de su padre, tenía 19 años cuando ya era el Sub Jefe del Batallón 10 de la Guardia Nacional.
Y si bien no lo sabemos a ciencia cierta, intuimos que a raíz de alguna revuelta donde puede no haber quedado bien parado, justo para el Centenario de nuestra Patria, emigra radicándose en la Ciudad de Rosario, donde permanecerá diez años; luego se mudará a Bs.As.
A partir de su arribo, por casi treinta años estará entre nosotros, desarrollando por lo tanto, su amplia obra poética en esta tierra en la que vivió y se sintió como en su casa; tenía unos 27 años cuando llegó, y tendrá unos 56 cuando retorne a su terruño.
En su amor por la patria, la imagen del gaucho era punta de lanza en su afán de difundir la cultura terruñera, afirmando que había que enseñar a los gurises en las escuelas “la verdad del gaucho”, despojándolo de poses bravuconas y vestuario circense volviéndolo simplemente a su dimensión de “hombre gaucho”, sosteniendo que a los niños había que educarlos “…sin que el alma se les vaya de la tierra”.
Esa forma de encarar la defensa del gaucho lo llevó a enfrentarse con críticos que ensalzaban la obra de contemporáneos y coterráneos suyos como José Alonso y Trelles (“El Viejo Pancho”) y Fernán Silva Valdes, y como él sostenía que al gaucho había que presentarlo en su real dimensión humana, sin pose circense ni actitudes orilleras (arrabaleras), dice que esos poetas ponen en boca de sus personajes cuestiones impropias de buena gente, como rebajar la condición de la mujer, y dice: “Como si esas cosas jueran p’andarlas contando”.
Comparó al hombre gaucho con la templanza de los árboles fuertes, y esto fue casi una constante en su obra, de ahí que su primer libro, publicado en el año 1931 se llamó “Ñandubay”.

Para cerrar esta primera semblanza, elegimos de dicho libro el poema que le da el título.
(se puede leer en el blog Poesía Gauchesca y Nativista)

domingo, 24 de septiembre de 2017

ALPILLERA

LR 11 – Radio Universidad – “CANTO EN AZUL Y BLANCO”
Micro Nº 44 – 24/09/2017
Con su licencia, paisano! Acomodado en la cocina grande, junto a la ventana para tener mejor luz, mientras gustamos un mate, vamos a ver si compartimos “Decires de la campaña”.
Hoy vamos a referirnos a la “alpillera”, palabra que inmediatamente uno asocia con la bolsa, o sea la “bolsa de alpillera”, cuya pronunciación correcta es “arpillera”, palabra que probablemente provenga de España y derive de la voz aragonesa “sarpillera”.
Como ocurre con muchas otras cosas, en China se la conoce desde hace unos 800 años, siendo antaño la base para la fabricación de cordajes marinos, velas de embarcaciones, y también para la confección de papel. Posteriormente, España fue un importante centro productor de ese textil.
Con dicha expresión, “arpillera”, se designa a un tejido basto, rústico, áspero y resistente, confeccionado con la hilaza de diversos tipos de “estopa”, siendo ésta a su vez confeccionada con fibras de cáñamo o yute, y también con la parte gruesa del lino.
El cáñamo es una planta de la familia de las “cannabis”, curiosamente para nosotros, familia de la que también proviene la marihuana; en cambio el yute es de la familia de las “malváceas”, siendo una planta herbácea muy fibrosa, cosechada mayoritariamente en la India.
Ahora bien, en el uso que a nosotros nos interesa, como “bolsa de arpillera” -tan conocida y usada por todos-, no lo encontramos en el Siglo 19 o sea la centuria del 1800, no apareciendo citada en el “Martín Fierro” por ejemplo, por lo que deducimos que su uso se expande con el gran desarrollo de la agricultura al principiar el Siglo 20. Y decimos esto porque en los tres primeros trabajos con la intención de definir palabras de nuestra forma de hablar, creados en el país en el Siglo 19, estos son: “El Vocabulario Rioplatense” de Francisco Javier Muñiz (1845), el “Diccionario de Argentinismos” (1875), y el “Vocabulario Rioplatense Razonado” de Daniel Granada” (1890), la “alpillera o arpillera” brilla por su ausencia.
En la centuria pasada (la del 1900), más allá de la finalidad específica, o sea la de embolsar distintos tipos de grano, en nuestra campaña se la adaptó para todo tipo de funciones, de ahí que Berho, en el verso que le dedicara y que consta de 14 décimas, define en la primera:
“Hoy yo te canto alpillera / que serviste pa’ todo uso. / ¿Qué fue lo que no se puso / en una bolsa cualquiera? / Aunque viniste de ajuera / para embolsar los cereales, / tus servicios fueron tales / que hoy decirte necesito / que ocupás un lugarcito / en las cosas nacionales”.
Berho lo dice: era extranjera; pero para los más de nosotros, habiéndola visto en todo tipo de uso en una casa de campo, ¿quién se le ocurriría pensar que no era criolla…?
Concluye Berho: “Hoy todo el mundo te añora, / bolsa de los caminantes; / tanto el que quiere lo de antes /  como el que quiere lo de ahora.”
Pero no fue don Luis Domingo el primero en destacar sus virtudes, él mismo lo ha reconocido, por eso recurrimos a los versos que Agustín López le escribiera, titulados: "La Bolsa de Arpiyera", los que se pueden leer en el blog "Antología del verso campero"

jueves, 21 de septiembre de 2017

INICIOS DE LA GAUCHESCA

AM 1520 Radio Chascomús – Audición “CAMPO AFUERA”
Micros Nº 12 y 13 – 13 y 20/09/2017

Antes de salir “campo afuera” pa’ poder tender la vista mirando lejos, dende’l banco chueco en el que estoy sentao, vamos a ver si le arrimamos unas “astillas” al “Fogón de los Poetas”.

Creo que a este intento de remitirnos a evocar el origen del género que habitualmente llamamos “gauchesco o la gauchesca” le deberemos dedicar, al menos, dos emisiones o sea: dos miércoles. Y se hace obligación informar entonces, que la primera vez que a ciencia cierta se sabe aparece en un documento la palabra “gaucho”, ocurrió el 23/09/1771 (246 años atrás), en la Comandancia de Maldonado, en los territorios que ya se aprontaba para ser el Virreynato del Río de la Plata. Y subrayamos esto, porque para que exista una literatura que lo identifique, necesario era que existiese ese ser social que se llamó “gaucho”.
El conquistador nos había traído junto con la guitarra su cancionero, y en él la poesía “tradicional española”, elaborada sobre las formas de cuartetas, romances y décimas, siempre en la forma octosilábica o sea, de ocho sílabas. Ahora, es innegable que las generaciones que iban naciendo en estas tierras, “mozos de pata al suelo”, “hijos del país”, “mozos de la tierra” -sobre los que se erigirá el gaucho-, ya no solo cantan o repiten aquel cancionero, sino que van gestando el propio utilizando aquellas formas estróficas y diferenciándose del español, al cantar a sus propias vivencias, sus sucesos cotidianos, sus cuitas amorosas…, pintando sin darse cuenta su ámbito regional, gestando sin querer un nuevo género al expresarse en su habla rústica, donde perduran voces del español antiguo, algunas deformaciones de vocablos, y muchas voces nuevas necesarias para designar cosas que en la vieja España no existían, generando un modo expresivo que hizo que el sabio Francisco Javier Muñiz -uno de los primeros en prestar atención al lenguaje por acá hablado- lo definiera como un “…lenguaje figurativo en que pintan con exageración”.
Es importante decir y recordar que hasta acá, era todo un cancionero y una poesía oral, ya que entonces y por mucho tiempo más, el pueblo sería general y mayoritariamente iletrado, sin escuela.
Redondeando, el escritor e investigador Eleuterio Tiscornia, ha afirmado que la “poesía gauchesca”, es la que recibió de la “poesía tradicional española” las formas métricas y estróficas (dicho de otra manera: las cuartetas, décimas y romances, en versos de ocho silabas), guardó voces del español antiguo -arcaicas-, una parte del fondo popular de las ideas y emociones, y se apodera de la modalidad y los sentimientos de un tipo nuevo, “el gaucho”, desarrollándose fecundamente en las llanuras y la región de los grandes ríos, sin cuyo escenario no se explicaría bien la vida física y emotiva del personaje. Es el mismo Tiscornia quien dice que a este nuevo producto deberíamos llamar “tradicional gauchesco”, y no “tradicional o tradicionalista” como comúnmente decimos.
No se conservan composiciones de esa época, ya que eran solamente orales. Pero el religioso, teólogo y abogado Juan Baltazar Maciel, nacido en Santa Fe en 1727 y fallecido en Montevideo en 1788 (a los 61 años), dejó un  testimonio escrito donde ya se vislumbra algo… del lenguaje gauchesco. En 1777 escribió:
CANTA UN GUASO EN ESTILO
CAMPESTRE LOS TRIUNFOS DEL
EXCMO. SEÑOR DON PEDRO
DE CEVALLOS

Aquí me pongo á cantar
abajo de aquestas talas
del maior guaina del mundo
los triunfos y las gazañas,
del señor de Cabezón
que por fuerza es camarada
de los guapos Cabezones
que nada tienen de mandrias
hé de puja, el caballero,
y bien vaia toda su alma
que a los Portugueses jaques
a surrado la badana.

Como á ovejas los ha arriado
y repartido en las pampas
donde con guampas y lazos
sean de nuestra lechigada.
De balde eran mis germanos
sus cacareos y bravatas,
si al columbrear á Cevallos
no lo hubo así el come Bacas.
O más aina: como gentes,
Vuestro Don Pina Bandeira
salteador de la otra Banda,
que allá por sus andurriales
y siempre de disparada,
huyendo como avestruz
aun se deja atrás la gamma…
Ya de Santa Catalina
las batatas y baranjas
no le darán en el pico
aunque más griten chicharras,
su colonia raz con raz,
dis que queda con la plaza,
y en ella i cuando la otra
harán de azulejos casas?
Perdone Señor Cevallos
vi vena silvestre y guaza,
que las germanas de Apolo
no habitan en las campañas.

Voces de estas tierras: Talas - pampas - lazos - guampas - lazos - bravatas - gama - avestruz

Guaina: según Rojas, del quichua “huaina”, que significa “varón”

Mandrias: hombre flojo, cobarde

Jaques: perdonavida, valentones

Columbrear: divisar, avistar

Come Bacas: portugueses dedicados al contrabando de hacienda


Pina Bandeira: un jefe contrabandista

"La gauchesca", hará su explosión con los sucesos de las Invasiones Inglesas y las luchas de la Independencia. Por esta época aún continuaba siendo poesía oral, pero habrá de ocurrir un suceso que le afirmará la identidad y marcará -entre comillas- el origen.
Sucedió que en 1818, Bartolomé Hidalgo, un montevideano que formó con Artigas y también supo ser funcionario público, antes las dificultadas que pasaba su pueblo, cruzó el río buscando un mejor presente en Buenos Aires, pero como acá continuaban sus dificultades, se ganaba la vida vendiendo por las calles porteñas sus composiciones poéticas, las que al estar impresas, posibilitó que muchas de ellas se salvaran para la posteridad testimoniando el nacimiento del género.
Por esos años, en el cancionero popular -como en el de hoy predomina la milonga-, tallaban los cielitos, y alguno breve, de los que él compuso, decía: 
“Los chanchos que Vigodet 
ha encerrao en su chiquero
marchan al son de la gaita
echando al hombro un ‘fungeiro’.

Cielito de los gallegos,
¡ay!, cielito del Dios Baco,
que salgan al campo limpio
y verán lo que es tabaco.

Vigodet en su corral
se encerró con sus gallegos,
y temiendo que lo pialen
se anda haciendo el chancho rengo.

Cielo de los mancarrones,
¡ay!, cielo de los potrillos.
Ya brincarán cuando sientan
las espuelas y el lomillo.”  
Claro que Hidalgo no estaba solo, y a más de los poetas orales que siempre estaban, podemos agregar a Pedro Feliciano Sáenz de Cavia, Juan Gualberto Godoy, y José Prego de Oliver, entre otros.
En forma anecdótica y como cosa curiosa, podemos decir que si bien Godoy era mendocino, entre los años 1817 y 1830 realizó varios viajes a Buenos Aires, residiendo un tiempo por el Tuyú donde se da por hecho que tuvo pulpería, y que habría sido el payador que derrotó a José Santos Vega, señalando su ocaso.
Con el género gauchesco ya definido, aparecerán cultivando “la gauchesca”, Hilario Ascasubi -autor de ‘Los Mellizos de la Flor o Santos Vega’, quien también supo firmar con los seudónimos de ‘Paulino Lucero’ o ‘Aniceto el Gallo’-, y Estanislao del Campo, quien publicará ‘El Fausto Criollo’.
El broche de oro a la poesía gauchesca del S. 19 lo pondrá el más gaucho de todos los autores: José Hernández, el ‘tata’ del “Martín Fierro”.
En grandes trazos y a grandes rasgos, podemos afirmar que así ha sido el nacimiento de la poesía gauchesca, algo distinta a la que hoy cultivamos y que me animo a definir como “campera”

DIÁLOGO PATRIÓTICO INTERESANTE
ENTRE JACINTO CHANO
CAPATAZ DE UNA ESTANCIA EN LAS ISLAS
DEL TORDILLO, Y EL GAUCHO DE LA
GUARDIA DEL MONTE, RAMÓN CONTRERAS
           (fragmento)


CONTRERAS
¡Conque amigo!, ¿diaónde diablos
sale? Meta el redomón,
desensille, votoalante,
¡Ah pingo que da calor!

CHANO
De las Islas del Tordillo
salí en ese mancarrón:
¡Pero si es trabuco, cristo!
¿Cómo está, señó Ramón?

CONTRERAS
Lindamente a su servicio…
¿Y se vino de un tirón?

CHANO
Si, amigo; estaba de balde,
y le dije a Salvador:
andá, traeme el ‘azulejo’
apretámele el cinchón,
porque voy a platicar
con el paisano Ramón,
y ya también salí al tranco,
y cuando se puso el sol
cái al camino, y me vine;
cuando en esto se asustó
el animal, porque el poncho
las verijas le tocó…
¡Qué sosegarse este diablo!
a bellaquiar se agachó
y conmigo a unos zanjones
caliente se enderezó.
Viéndome medio atrasao,
puse el corazón en Dios
y en la viuda, y me tendí;
y tan lindo atropelló
este bruto, que las zanjas
como quiera las salvó,
¡Eh p…! el pingo ligero,
bien haiga quien lo parió!
 Por fin, después de este lance
del todo se sosegó,
y hoy lo sobé de mañana
antes de salir el sol,
de suerte que está el caballo
parejo que da temor.

CONTRERAS
¡Ah, Chano…! ¡pero si es liendre
en cualquiera bagualón…!
Mientras se calienta el agua
y echamos un cimarrón
¿qué novedades se corren?

CHANO
¿Novedades…?  ¿qué se yo?
Hay tantas que uno no acierta
a que lao caerá el dos,
aunque le esté viendo el lomo.
Todo el pago es sabedor
que yo siempre por la causa
anduve al frío y al calor.
Cuando la primera Patria,
al grito se presentó
Chano con todos sus hijos,
¡ah tiempo aquel, ya pasó!
Si jue en la Patria del medio,
lo mesmo me sucedió;
pero, amigo, en esta Patria…
Alcánceme un cimarrón…

CONTRERAS
No se corte, déle guasca,
siga la conversaición,
velay, mate: todos saben
que Chano, el viejo cantor,
aonde quiera que vaya
es un hombre de razón,
y que una sentencia suya
es como de Salomón.